Written on jueves, octubre 22, 2009 by Javier Diestra
Y llegaste madre,
al frío saludo de tu hijo predilecto,
a los cálidos abrazos de tus hijas y
al revoloteo eterno de tus pequeñines.
Vuelves, y en cada regreso te espero.
Soy quien recoge tu cuerpo y el de mi padre
En aquella paradisiaca esquina de luces
Junto a aquellos enormes bultos…
…unos envueltos en sangre,
otros hechos con sacrificio.
Hemos llegado a la puerta de tu casa,
Has entrado y buscado un lugar en la sala
donde has abierto cada caja de cartón.
Ahí descubren tus hijos los dulces chancayes,
Las crocantes roscas y los suaves panes.
Cientos de ejemplares que en tres días
y tres noches pasaran a la historia.
No podía faltar ese fresco y prensado queso serrano
y algunas frías “cachangas” con dulce,
aquellas que son el baluarte de tu oficio.
Aquí estás madre, junto a tu fiel oidora,
la más curiosa de la familia,
contándose y preguntándose todo,
cual esencia propia de viejitas chismosas.
Aquí estás madre,
compartiendo con tus endiablados enanos
criados en aquel helado y seco pueblo,
donde has dejado muchos años de tu vida.
Siempre vuelves para saciar el hambre
y el amor de tu decena de hijos,
y llorar cada vez que el recuerdo
te devuelva a tus dos desaparecidos.
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Poema
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Written on viernes, octubre 16, 2009 by Javier Diestra
Todos habían encontrado una nueva compañía, a quién dedicaban más tiempo que a la misma familia o los amigos. Aunque claro como toda nueva relación siempre existen cosas que aprender uno del otro. Se podría decir que se le consideraba el amante ideal, su pérdida significaba haber derrochado dinero, tiempo e incluso detalles intimos.
Para muchos tuvo un significado diferente, para unos era el enlace entre la familia y los amigos, para otros la voz que podía cantarles en todo momento y en el tono que desearan, de muchos controlaba su agenda y su tiempo, de todos era quién los despertaba de su plácido sueño... y desde luego, el confidente perfecto.
Recuerdo que fui uno de los últimos chicos del grupo universitario en tener uno. Consideraba que aún no era indispensable tenerlo. Hasta que un amigo mío, terminó por llevar a la universidad su nueva adquisición y sacarnos "cachita". Su silueta delgada, esquinas redondeadas, su color plateado y pantalla a color eran una maravilla. Ni que decir de sus atributos, su capacidad de memoria era alta, podía reproducir audio y video, entre otros.
Muchos quedaron admirados de aquel singular objeto y todos pugnaban por tenerla un momento en sus manos. Los celos y la envidia era notoria en cada mirada de los espectadores y chismosos. Aunque mi sueño fue tener algo similar, las condiciones económicas jugaban un papel importante. Sin embargo, fue la necesidad de comunicarme, por razones laborales, con el hostigador Fernando y el "Chueco" Taylor lo que apuró la adquisición de mi primer celular.
21 de agosto de 2006, mi cuerpo estaba dolorido tras un domingo agotador en el complejo deportivo de El Bosque; pues ganamos un campeonato y como es típico el premio fue consumido vaso a vaso por todo el equipo. No tenía resaca ni golpes, pero los músculos de mis piernas parecían alargados y endurecidos a la fuerza. Desperté sin recordar qué había soñado, tenía el ojo derecho lagañoso, la barba crecida y la boca reseca.
Llegué hasta el tragaluz de mi casa y en el camino hasta el lavador me cruce con las miradas despectivas y los enojados gestos de mi hermana Rocio. Abrí el caño para dejar que el chorro de agua golpeara fríamente mi cabeza, restregué mis manos sobre mi cara y enjuagué mi boca. Sin duda fue refrescante.
Ya eran casi las nueve de la mañana, tomé mi desayuno, una taza de avena cuatro panes, uno de ellos con mantequilla. Aún estaba cansado y las ganas de hacer algo eran nulas. Sin tanto que pensar decidí volver a mi cama y dejar que mi cuerpo se recupere totalmente...
¡Oye, Javier...Despierta! - fue la voz de mi hermana - Son las dos de la tarde, acaso no tienes nada que hacer.
Me levante casi sin conciencia de mi cama y en un instante recordé que tenía que ir a comprar. Después de bañarme y cambiar la sudosa ropa de deporte por el único y desgastado pantalón y camisa de vestir, salí con dirección hacia el centro de Trujillo. Fueron 45 minutos a paso lento desde mi casa.
Llegué hasta una puerta de vidrio la cual empujé para entrar. Consulté con el huachimán del local qué debo hacer para recibir atención, me hizo formar una cola donde un sujeto bien vestido te preguntaba que deseabas hacer y luego te derivaba a un lugar específico.
El hombre me dio un ticket y me dijo que me sentara a esperar mi turno. Había un televisor suspendido del techo donde aparecían los números de los tickets que nos entregaban. Esperé por unos 30 minutos, hasta que mi numero pareció en la pantalla y me indicaba que debía ir a la casilla 34. Una vez ahí, una linda señorita de delgados anteojos y con el cabello recogido me preguntó que deseaba.
Vengo a comprarme un celular, le dije.
En eso ella empezó con un memorizado discurso, el cual interrumpí al decirle que buscaba un celular que no costara más de 100 nuevos soles.
Con eso, ella redujo toda las opciones a dos ejemplares, de los cuales me quedé con un delgaducho equipo de color plateado y pantalla azul, marca Sagem. Sí, era justo lo que quería y podía pagar, así que sin más vueltas que darle al asunto me mandaron a caja para cancelar el equipo, donde también había una cola.
Cancelada la boleta, me entregaron esa bendita máquina, no sin antes darme una pequeña charla sobre sus funciones principales. Y, desde luego, me aconsejaron que lea su manual. Me pregunto si todos leerán ese dichoso cuadernillo en miniatura.
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Llamadas perdidas
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Written on sábado, septiembre 12, 2009 by Javier Diestra
Hoy al compás de mi silencio
veo en mi locura despertar tu recuerdo.
En ansiedad confundida estaba mi mirada,
por ver tus brillantes ojos nocturnos.
El sueño no pudo aplacar la curiosidad
de divisarte extendida, casi inerte,
bajo esa inmensa Luna fluorescente
resguardada por dóciles estrellas.
Mi amor sigue siendo tan cálido,
y tu bienvenido beso viajero
sigue frío como el sórdido viento
que mis mejillas ha golpeado.
He vuelto tras varios años a tu regazo
y el sol sonríe con descaro en este tiempo
al quemar la dura piel de tu inquilino.
He de regresar a verte solloza,
inundando el cauce de los ríos
y en tu furia, sentir el golpe
de tus lágrimas congeladas.
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Written on martes, agosto 11, 2009 by Javier Diestra
No importa donde voltear la mirada,
sigues siendo el extraño,
aquel sujeto de un mundo retirado
cerca al abismo de la nada.
Luchas por no ser dominado
por no caer en lo común de la vida
y en ese valiente intento
se cierra toda ansiada salida.
Uno no sabe contra que lucha,
ni quien es el verdadero enemigo,
si estamos luchando contra todo
o si es mejor luchar con uno mismo.
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Written on jueves, julio 30, 2009 by Javier Diestra
Inmensas son las ganas de llorar
en ese rincón donde las plegarias
son devoradas por el silencio
Inmortales son estas pesadas penas
que rompen el corazón cada segundo.
Intranquilidad en cada latido,
en cada destierro de la alegria
Inmensas son las ganas de llorar
sobre la sombra inerte de quien fui
y al fin desatar este nudo en mi garganta.
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Written on sábado, julio 04, 2009 by Javier Diestra
Ayer volví a recodar nuestros pasos
Y decidí que era tiempo de visitarte
Nunca llevé un ramillete de flores
tan solo las ansias de estrechar tu mano,
palmear tu espalda y decirte:
"¿Cómo estás "mastodonte", hermano?"
Hoy, en eterna paz descansa tu alma,
mientras comulgo en esta vida mis pecados,
enfrentando en soledad a la vida,
a la cuál temo más que a la muerte.
Ayer te imaginé con cinco años encima,
arrastrando tus pasos por el camino,
abrigando tus manos en los bolsillos
de aquel ancho pantalón remendado.
Ayer recordé aquellas locuras
que inventaba para hacerte reír.
Hoy parece haber sanado mi locura,
no comparto mi mundo, ni mis aventuras
y trabajo a doble horario
por ver nuestro sueño realizado.
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Written on jueves, julio 02, 2009 by Javier Diestra
El alba de tus ojos deslumbra mi día.
Tu beso enciende mis demonios,
quienes ante el fragor de tu sonrisa
suelen darse por vencidos.
La cálida brisa de tu aliento,
humedece mis labios
al ardiente compás de tu mirada
y en la caída curvada de tu pelo,
descansan curiosas mariposas,
cuáles parte de tu pensamiento.
Pero al pestañar la fria noche,
el silencio describe el final de este encuentro
y la distancia se acorta a tan sólo un abrazo.
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