En un rincón cerca del cielo


En una ciudad cerca del cielo
bajo El Sol ardiente de una tarde,
una sorpresiva llamada rompió mi sueño.

Fui invitado a un corto viaje
para rescatar de la frágil memoria
aquellos paisajes que visité cuando niño.

Escolté así a una bella amiga
a descender aquel corto camino
para en total plenitud divisar
aquel lugar nombrado como Las Torres.

Nos detuvimos mucho antes de llegar
y quedamos totalmente sorprendidos
al descubrir un devastado paisaje
con escombros de nuestro recuerdo.

Pero la tarde seguía su curso
y nos desviamos a un camino empinado,
que ascendía hasta casi rozar el cielo
y se desvanecía en la cima de un cerro.

Seguí cada paso entusiasta y fatigante,
que con sus inusuales tacones marcaba,
mi majestuosa y esforzada caminante,
hacia aquel encumbrado mirador natural.

Al final de tan extensa ruta,
el viento nos abrazó con fuerza
y sacudió el ichu en suaves vaivenes,
bajo un cielo serrano lleno de Estaciones.

Esperamos impacientes la caída de El Sol
bajo nuestras más atentas miradas
e inmortalizamos con tantas imágenes
la corta estadía de mi singular compañera;

quien logró seducir la necedad del tiempo
bajo su delicada mirada y su sonrisa constante
y su actitud siempre posera ante cada bello paisaje.

Testigos del encuentro de El Sol y La Luna
y victimas de un intenso frío casi nocturno
descendimos complacidos el mismo camino

Y tras la partida, fue nuestro consuelo
comprobar que aún existe en esta tierra
un hermoso rincón cerca del cielo.

Te he etiquetado en mi mente y en mi corazón

En una simpática charla a través del chat de Facebook nació una frase llena de cariño y romanticismo; desde luego un tanto cursi, pero que en esta era dominada por la tecnología y la popularidad de las redes sociales surgió de manera precisa. Aquí les dejo con esta frase dedicada a quien brindó la chispa para su concepción.

"Te he etiquetado en mi mente y en mi corazón"....

La última carta de amor

Estimada y queridísima, AMIGA

Te imagino despertar con un pequeño bostezo, el pelo alborotado, los ojitos semidormidos y una dulce sonrisa. Conforme avanzan las horas dibujo tu día en mi pensamiento y te veo totalmente ajetreada, en momentos renegando, siempre creativa e inteligente, eventualmente sonriente e incansable. Al terminar el día bajo las sombras, imagino la luz de tu sonrisa y el brillo de tus ojos ser los guías en el camino hacia un dulce sueño.

Mientras yo, despierto con la ilusión de verte, de abrazarte, de compartir y disfrutar lo que lograste, haces y anhelas lograr. Y al caer El Sol bajo tus ojos, descanso bajo La Luna con la esperanza de que un día mi abrazo te proteja del frio de la noche.

Cada día, con cada latido, mi corazón extiende por todo mi cuerpo el enorme cariño que te tengo. Estoy inundado de amor, de sueños, de esperanzas y mi pensamiento navega contigo hasta los confines que descubro en tu mirada.

No solo has avivado mi cuerpo, también reanimaste la esencia de quién creía en un momento perdido bajo las oscura sombra del olvido.

Son pocos los días contigo y muchos sin ti. Pero cada momento a tu lado es una vivencia indescriptible, intensa y placentera. Es el tiempo quien nos obliga a una despedida, pero es tu sonrisa, tu mirada y picardía, quien alimenta mi esperanza y las ansias de un nuevo encuentro.

Te quiero, te lo digo hoy y quiero repetírtelo siempre, en todo momento, en cada lugar, bajo cualquier circunstancia… Te quiero, y si eso no basta te quiero mucho, mucho, mucho más….

Siempre con un abrazo y un beso, Javier.

El salto de la chica fashion

Un intenso sol quemaba las calles de Trujillo, mientras caminaba por la avenida José María Eguren, cargando mi pesada mochila, con mis lentes de sol puestos y la cabeza pelada expuesta. Buscaba  algunas cosas que necesitaba comprar y debía caminar unos tramos más.

Cuando me encontré a pocos metros del cruce entre la mencionada avenida con la César Vallejo, adelanté con mis largos pasos a una elegante señorita - toda fashion - que llevaba en su mano una bolsa con algunas compras, tenía puestos unos lentes oscuros y el pelo pintado, color castaño. Me detuve en toda la esquina a esperar que el semáforo cambie de luz para poder cruzar y ella me alcanzó y se paró a mi costado.

En 15 segundos se hizo el cambio y caminé hacía el otro lado, volví a adelantarme y en eso, a tres pasos de llegar al otro extremo de la avenida, escuché un estruendoso grito de mujer y cuando quise voltear a ver que pasó, sentí que alguien saltó sobre mi espalda... Sí, era la misma chica que dejé atrás. Ella se asustó luego que una rata cruzó la pista pasando cerca de sus pies.

Dicha situación duró unos segundos suficientes hasta que el roedor desapareció rápidamente entre unos montículos de basura. Sin embargo, terminamos con todas las miradas puestas en nosotros, tanto de los ambulantes como de los taxistas, quienes soltaron más de una carcajada.

Ella se bajó de mi espalda y con una voz entrecortada y casi sollozando me pidió disculpas. Lo bueno fue que pude soportar su peso, pues de no haber sido así hubiésemos caído al suelo y la vergüenza hubiese sido peor.

Shiran - Poroto en un primero de Mayo


El sueño me vencía a pocas horas de terminar el mes de abril, así que programé el despertador para que me despierte a las 6 de la mañana y cerré mis cansados ojos en un sueño profundo...

A las 6 primeras horas del primer día del mes de mayo de este año, sonó mi despertador, que reposaba a un costado de mi almohada, y me obligó a salir de la cama. Bajé hasta el primer piso de mi casa para mojar mi cara y sacudirme de los últimos rastros de sueño. Regresé a mi habitación para alistar las cosas que llevaría al  paseo que programamos con varios amigos por el Día del Trabajo o del Trabajador. El lugar escogido fue el centro poblado de Shirán, distrito de Poroto, Trujillo.

Media hora después, fui a ducharme antes de que mis hermanas ocuparan el baño, porque cuando pasa eso, la espera es larga y lenta. Ya listo con todo y aún con mucho tiempo disponible, me dispuse a preparar algo de comida para llevar, pero como no he cocinado hace mucho tiempo necesitaba un poco de ayuda. Fue así que mi hermana menor preparó el arroz y yo preparé - a mi estilo - un rico bistec de corazón de res.

En el proceso iba llamando por celular a algunos de mis amigos para ver si ya están en pie alistándose y recordar algunas cosas que debían llevar. Llamé a Elizabeth quién debía llevar la pelota de voley y a Jaime, encargado del balón para jugar fulbito. Ambos cumplieron.

A pocos minutos de salir al punto de encuentro para embarcarse a Shirán, Fernando me llamó para que lo espere y pueda recoger unas cosas de mi casa. Sin embargo, se retrasó más de lo esperado, lo llamé y decidimos mejor encontrarnos en el paradero de combis que salen hasta Shirán y Poroto, punto de encuentro acordado con los demás chicos y que quedaba a pocas cuadras de mi casa, cerca al cruce entre las avenidas César Vallejo y América Norte.

De camino, cerca de las 9 y 30 de la mañana, pasé por el mercado La Noria para comprar un poco de fruta. Ya llevaba mucho retraso, pues el encuentro había sido pactado para las 9 de la mañana. Después de todo llegué, pero aún faltaban tres de nuestras amistades: Jaime, Fernando y Mariela. Los chicos tuvieron percances para llegar, pero Mariela los tuvo para salir de casa.

Al final ellos llegaron, pero Mariela quedó en encontrarse con nosotros allá en Shirán. Así que nos embarcamos. Tomamos algunas fotos dentro del vehículo y escuchábamos música. Tras un largo tramo llegamos a la nueva caseta de peaje que colocaron en la vía que va hacía la sierra liberteña. Según el cobrador, por el cobro de peaje el pasaje subió un sol más; es decir, de 3 que se pagaba ahora se paga 4 nuevos soles.

A Shirán llegamos al promediar las once de la mañana. De la infinidad de lugares campestres que se encuentran en dicho centro poblado habíamos escogido el restaurante denominado "El Sol de Shirán", un lindo lugar con espacio para jugar, comer, nadar, descansar y bailar.

Buscamos un espacio con grama cerca a los campos de voley y fulbito para sentarse y dejar las mochilas. Luego, nos preparamos para jugar un partido de voley entre nosotros, pero un grupo de señoras y chicos nos retaron, así que nos enfrentamos a ellos en un partido donde descubrimos que había talento para el deporte como también para hacer reír.

Luego de dos derrotas categóricas empezamos a consumir la fruta que llevamos y a descansar un poco, porque teníamos que jugar fulbito contra a otro grupo de chicos. A pesar de ganar cómodamente, nuestra barra nos divertía con su peculiar forma de alentar:
- "Pásame la Ejue...", "Jueguen pes", "Me hacen reír", fueron algunas delas frases vitoriadas.

Ya agotados, eran más de la una de la tarde, nos tomamos un receso para lavarse y poder almorzar; claro está que disfruté de mi rico bistec, mientras que los demás degustaron de un rico pollo a la plancha. Una vez  terminado nuestros platos salimos del local para ir hasta Poroto, lamentablemente mi sobrina Silma debía regresar a Trujillo, pues tenía que viajar hasta Santiago de Chuco por trabajo. Junto con ella se fue nuestro amigo Dj Leo, hermano de Silma.

Empezamos la caminata hasta Poroto con las mochilas en la espalda y ya puestos los pantalones y evitar la picadura de zancudos y mosquitos. El tramo es toda una pista asfaltada que sobrepasa la plaza principal del distrito. Una vez en Poroto subimos hasta el Mirador para tomarse unas fotos y disfrutar de la vista, luego bajamos hasta el paradero para abordar el vehículo que nos regresaría hasta Trujillo. Durante todo el camino pude ver como se quedaron dormidos Elizabeth, Jaime y Fernando.

Al final llegamos a Trujillo cerca de las cinco de la tarde y cada uno se dirigió a su respectivo hogar para seguir con nuestras rutinas, una de ellas es entrar al Facebook y colgar tanto los videos como las fotos de este gratísimo paseo.

Semejante burro

Mi madre estuvo de visita este fin de semana. Conversábamos durante un recorrido por un Centro Comercial, y en esa amena charla hizo hincapié en que uno de sus hijos pequeños se parecía mucho a uno que dejó este mundo hace ya varios años.

En ese sin número de comparaciones no se pudo evitar hacer comparaciones enter otros miembros de la familia. Desde luego, hubo muchas coincidencias y mi madre soltó la frase del día en clara alusión a la similitud entre semejantes:

- Bien dicen, Javier... "Un burro se parece a otro burro".

Extranos invitados en fiesta equivocada


Llegó puntual a mi casa, vestida para la ocasión y con su encantadora sonrisa. Parecía impaciente por irnos y ver a Eva con esa barriguita en la que alberga temporalmente a su adorable chiquitín.

Lamentablemente - me disculpo por eso - aún no estaba del todo listo, por lo que mi amiga Marielita tuvo que esperarme unos minutos en mi oficina. Desde luego no tarde mucho.

Marielita llevaba un pequeño regalo que se perdía en una enorme bolsa, la cual llevamos todo el camino hacia el lugar donde nos aguardaba una gran fiesta. Yo como guía y compañero debía dirigirla hasta la calle Pablo Picasso N° 457, en la Urb. El Bosque. Sin embargo, a pesar de ser un habitante de la zona, desconocía donde encontrar esa calle. Así que caminamos en busca de ella de acuerdo a algunas referencias que saque previamente a Google Maps.

Después de caminar unas cuadras, yo confiaba en que habíamos encontrado a Picasso, y ella en que yo estaba en lo correcto, pues como ella no conocía nada de ese lugar, depositó su confianza en que la estaba llevando al sitio indicado en la invitación.

Avanzamos unos contados pasos y escuchamos un equipo de sonido que retumbaba con canciones de niños y le dije:
Amiga, creo que llegamos.

Ella respondió como avisada por su instinto: ¿Estás seguro?, ¿Aquí es?

Creo que si... pasemos a ver, le respondí.

En ese momento ella sostenía su enorme bolsa con el regalo y se paró frente a la puerta, yo la seguí y vimos a un payaso animando la fiesta, mientras tenía sentados a una pareja de futuros padres en medio de la pista de baile rodeada por sus invitados.

Diablos - me dije - creo que llegamos un poco tarde.

Mariela intentó reconocer a Eva y algunos de los invitados, pero el maldito payaso fue el primero en ver nuestra presencia y, desde luego, hacernos partícipe de sus payasadas...

¡Llegaron los tardones!!!, dijo el chistosito.

Esto ocasionó que todos voltearan a vernos llenos de curiosidad y el payaso preguntó a la dueña de casa y de la fiesta sobre nosotros. A lo cual ella totalmente extrañada y sorprendida respondió:

No sé, yo no los he invitado.

Esa frase fue suficiente para generar una risa total de los asistentes y la vergüenza de nosotros, que aguardábamos en la puerta descubriendo que estábamos en la FIESTA EQUIVOCADA. Retomamos la calle y caminamos riéndonos de lo que nos había pasado.

Para rematar la anecdótica noche, descubrimos que la calle no era Picasso. Dimos vueltas y vueltas preguntando a algunas personas que paseaban por ahí, pero no pudimos dar con la dichosa calle. No quedó más remedio que llamar a Evita, quién tras unas breves indicaciones nos dijo como llegar, y vaya sorpresa, estabamos a solo tres cuadras de ahí. Como para jalarse de los pelos.

En fin llegamos hasta el local de la fiesta indicada, en la que también pasó algo anecdótico, pero es motivo de otra historia que intentaré animarme a contar.