20 noviembre 2009

Casualidad

Cerca de tu casa caminaba
con la mirada puesta en el camino,
con el pensamiento en el olvido,
con el corazón lleno de frio.

No te encontré al pie de la calle
o bajo el dintel de tu puerta
y no supe que debía conocerte.

Aseguras que es el misterioso destino,
dueño eterno de las casualidades;
quién en un lugar más común y remoto
nos puso este punto de encuentro.

No importa la causa, talvés sí el motivo.
A ambos nos cobijó el mismo pueblo,
y nos presentó el mismo gran amigo.

Falta madurar nuestra amistad.
Esperemos darnos el tiempo
y que el tiempo dé oportunidad.

A mi amiga y paisana Marielita

18 noviembre 2009

Grietas de recuerdos


Las mañanas de tu eterna alegría
eran el romántico atardecer
que envuelvía mis ilusiones cada día.

Las salinas y húmedas lágrimas
entregadas a tus dulces besos
secaban las raíces de mi tristeza.

Los días sin saber donde encontrarte
son grietas en mis recuerdos
e instantes de mi vida sin sentido.

El último beso de esa noche
no colmó la sed de mis labios,
que ansiosos esperaron el nuevo día.

Extraño tus mañanas, tus besos, tu alegría,
y los diarios recuerdos de tu amor
en las tristezas marchitas de mi vida.

17 noviembre 2009

¿Te llevo primero al telo' o al teatro?

Una tarde de aquel conocido mes de los milagros, una amiga mía transitaba por las centricas calles de la ciudad de Trujillo. Ella iba bien vestida: llevaba unas botas con tacones, un jeans azul muy ajustado y una casaca negra con gorro polar.

A su lado un pequeñín hombrecito acompañaba su paso, el le había prometido llevarla a conocer a los integrantes de un popular grupo de música folklórica, quienes tocarían en el Teatro Municipal de la ciudad.

Pero resulta que la promesa del muchachito no habia sido ir primero al teatro, por lo que la simpática señorita notó que el camino tomado no era el acordado, ella algo ofuscada lanzó ante la presencia de muchos curiosos y testigos, esta inusual y sorpresiva oración:

"Total, no que me ibas a llevar primero al telo (hotel) y después al teatro".

Tras este estrepitoso reclamo que hizo voltear la mirada a más de un sorprendido, la redondeada carita de mi amiga no hizo más que mostrar el color de la vergüenza. Desde luego, el también anonadado muchachito solo atinó a reirse de tan singular episodio.

Para aclarar las cosas, la promesa de este muchachito era que llevaría a mi estimada amiga al hotel, desde luego, pero al hotel donde se alojaban los integrantes de dicho grupo para que pueda conocerlos y posteriormente irian al teatro. Sin embargo, el muchachito la llevaba primero al teatro, lugar donde se quedaron para reunirse con otros amigos más.

Queda claro que una vez en el teatro ya no fueron al telo. Así que mucho cuidado con lo que sueles decir, sobretodo tomando en cuenta dónde y a quién lo dices.

12 noviembre 2009

Vuelvo a perderte

Y vuelvo a perderte en esta vida de apuros,
en este día alterno y de tiempos maduros.

Vuelvo a perderte y no sé,
si he de contar los años,
o no he de verte jamás.

Te vas arrastrada por ese amor
que no niega tu encantadora mirada,
y que se hace aún más fuerte
con cada travesura de tus hijos.

Talvés a tu regreso te descubra
otro par de traviesos y muchos años encima,
pero a tu retorno también espero
la misma bella sonrisa que tu partida dejó.

Cuidate del tiempo y de los hombres
de la envidia y de la mentira.
Y más aún, de los falsos recuerdos
que hoy te llevas de mí.

A mi inquebrantable amiga Rocio Costa.

22 octubre 2009

Aquí te espero

Y llegaste madre,
al frío saludo de tu hijo predilecto,
a los cálidos abrazos de tus hijas y
al revoloteo eterno de tus pequeñines.

Vuelves, y en cada regreso te espero.
Soy quien recoge tu cuerpo y el de mi padre
En aquella paradisiaca esquina de luces
Junto a aquellos enormes bultos…
…unos envueltos en sangre,
otros hechos con sacrificio.

Hemos llegado a la puerta de tu casa,
Has entrado y buscado un lugar en la sala
donde has abierto cada caja de cartón.

Ahí descubren tus hijos los dulces chancayes,
Las crocantes roscas y los suaves panes.
Cientos de ejemplares que en tres días
y tres noches pasaran a la historia.

No podía faltar ese fresco y prensado queso serrano
y algunas frías “cachangas” con dulce,
aquellas que son el baluarte de tu oficio.

Aquí estás madre, junto a tu fiel oidora,
la más curiosa de la familia,
contándose y preguntándose todo,
cual esencia propia de viejitas chismosas.

Aquí estás madre,
compartiendo con tus endiablados enanos
criados en aquel helado y seco pueblo,
donde has dejado muchos años de tu vida.

Siempre vuelves para saciar el hambre
y el amor de tu decena de hijos,
y llorar cada vez que el recuerdo
te devuelva a tus dos desaparecidos.

16 octubre 2009

La compra de mi primer celular

Todos habían encontrado una nueva compañía, a quién dedicaban más tiempo que a la misma familia o los amigos. Aunque claro como toda nueva relación siempre existen cosas que aprender uno del otro. Se podría decir que se le consideraba el amante ideal, su pérdida significaba haber derrochado dinero, tiempo e incluso detalles intimos.

Para muchos tuvo un significado diferente, para unos era el enlace entre la familia y los amigos, para otros la voz que podía cantarles en todo momento y en el tono que desearan, de muchos controlaba su agenda y su tiempo, de todos era quién los despertaba de su plácido sueño... y desde luego, el confidente perfecto.

Recuerdo que fui uno de los últimos chicos del grupo universitario en tener uno. Consideraba que aún no era indispensable tenerlo. Hasta que un amigo mío, terminó por llevar a la universidad su nueva adquisición y sacarnos "cachita". Su silueta delgada, esquinas redondeadas, su color plateado y pantalla a color eran una maravilla. Ni que decir de sus atributos, su capacidad de memoria era alta, podía reproducir audio y video, entre otros.

Muchos quedaron admirados de aquel singular objeto y todos pugnaban por tenerla un momento en sus manos. Los celos y la envidia era notoria en cada mirada de los espectadores y chismosos. Aunque mi sueño fue tener algo similar, las condiciones económicas jugaban un papel importante. Sin embargo, fue la necesidad de comunicarme, por razones laborales, con el hostigador Fernando y el "Chueco" Taylor lo que apuró la adquisición de mi primer celular.

21 de agosto de 2006, mi cuerpo estaba dolorido tras un domingo agotador en el complejo deportivo de El Bosque; pues ganamos un campeonato y como es típico el premio fue consumido vaso a vaso por todo el equipo. No tenía resaca ni golpes, pero los músculos de mis piernas parecían alargados y endurecidos a la fuerza. Desperté sin recordar qué había soñado, tenía el ojo derecho lagañoso, la barba crecida y la boca reseca.

Llegué hasta el tragaluz de mi casa y en el camino hasta el lavador me cruce con las miradas despectivas y los enojados gestos de mi hermana Rocio. Abrí el caño para dejar que el chorro de agua golpeara fríamente mi cabeza, restregué mis manos sobre mi cara y enjuagué mi boca. Sin duda fue refrescante.

Ya eran casi las nueve de la mañana, tomé mi desayuno, una taza de avena cuatro panes, uno de ellos con mantequilla. Aún estaba cansado y las ganas de hacer algo eran nulas. Sin tanto que pensar decidí volver a mi cama y dejar que mi cuerpo se recupere totalmente...

¡Oye, Javier...Despierta! - fue la voz de mi hermana - Son las dos de la tarde, acaso no tienes nada que hacer.

Me levante casi sin conciencia de mi cama y en un instante recordé que tenía que ir a comprar. Después de bañarme y cambiar la sudosa ropa de deporte por el único y desgastado pantalón y camisa de vestir, salí con dirección hacia el centro de Trujillo. Fueron 45 minutos a paso lento desde mi casa.

Llegué hasta una puerta de vidrio la cual empujé para entrar. Consulté con el huachimán del local qué debo hacer para recibir atención, me hizo formar una cola donde un sujeto bien vestido te preguntaba que deseabas hacer y luego te derivaba a un lugar específico.

El hombre me dio un ticket y me dijo que me sentara a esperar mi turno. Había un televisor suspendido del techo donde aparecían los números de los tickets que nos entregaban. Esperé por unos 30 minutos, hasta que mi numero pareció en la pantalla y me indicaba que debía ir a la casilla 34. Una vez ahí, una linda señorita de delgados anteojos y con el cabello recogido me preguntó que deseaba.

Vengo a comprarme un celular, le dije.

En eso ella empezó con un memorizado discurso, el cual interrumpí al decirle que buscaba un celular que no costara más de 100 nuevos soles.

Con eso, ella redujo toda las opciones a dos ejemplares, de los cuales me quedé con un delgaducho equipo de color plateado y pantalla azul, marca Sagem. Sí, era justo lo que quería y podía pagar, así que sin más vueltas que darle al asunto me mandaron a caja para cancelar el equipo, donde también había una cola.

Cancelada la boleta, me entregaron esa bendita máquina, no sin antes darme una pequeña charla sobre sus funciones principales. Y, desde luego, me aconsejaron que lea su manual. Me pregunto si todos leerán ese dichoso cuadernillo en miniatura.

12 septiembre 2009

Visita fugaz

Hoy al compás de mi silencio
veo en mi locura despertar tu recuerdo.
En ansiedad confundida estaba mi mirada,
por ver tus brillantes ojos nocturnos.

El sueño no pudo aplacar la curiosidad
de divisarte extendida, casi inerte,
bajo esa inmensa Luna fluorescente
resguardada por dóciles estrellas.

Mi amor sigue siendo tan cálido,
y tu bienvenido beso viajero
sigue frío como el sórdido viento
que mis mejillas ha golpeado.

He vuelto tras varios años a tu regazo
y el sol sonríe con descaro en este tiempo
al quemar la dura piel de tu inquilino.

He de regresar a verte solloza,
inundando el cauce de los ríos
y en tu furia, sentir el golpe
de tus lágrimas congeladas.