En una ciudad cerca del cielo
bajo El Sol ardiente de una tarde,
una sorpresiva llamada rompió mi sueño.

Fui invitado a un corto viaje
para rescatar de la frágil memoria
aquellos paisajes que visité cuando niño.

Escolté así a una bella amiga
a descender aquel corto camino
para en total plenitud divisar
aquel lugar nombrado como Las Torres.

Nos detuvimos mucho antes de llegar
y quedamos totalmente sorprendidos
al descubrir un devastado paisaje
con escombros de nuestro recuerdo.

Pero la tarde seguía su curso
y nos desviamos a un camino empinado,
que ascendía hasta casi rozar el cielo
y se desvanecía en la cima de un cerro.

Seguí cada paso entusiasta y fatigante,
que con sus inusuales tacones marcaba,
mi majestuosa y esforzada caminante,
hacia aquel encumbrado mirador natural.

Al final de tan extensa ruta,
el viento nos abrazó con fuerza
y sacudió el ichu en suaves vaivenes,
bajo un cielo serrano lleno de Estaciones.

Esperamos impacientes la caída de El Sol
bajo nuestras más atentas miradas
e inmortalizamos con tantas imágenes
la corta estadía de mi singular compañera;

quien logró seducir la necedad del tiempo
bajo su delicada mirada y su sonrisa constante
y su actitud siempre posera ante cada bello paisaje.

Testigos del encuentro de El Sol y La Luna
y victimas de un intenso frío casi nocturno
descendimos complacidos el mismo camino

Y tras la partida, fue nuestro consuelo
comprobar que aún existe en esta tierra
un hermoso rincón cerca del cielo.